Mag. Médico Veterinario Néstor Falcón: cuando la salud animal es parte de la salud pública

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Néstor Falcón

Formado como médico veterinario y desarrollándose en el área de la epidemiología y salud pública, el Mag. Néstor Falcón coordina una maestría que propone mirar de forma integral, la salud animal, la salud pública y la salud ambiental. El programa forma profesionales capaces de prevenir, controlar y eliminar enfermedades que afectan tanto a los animales como a las personas, con un enfoque que reconoce que la salud es una sola (“One Health”).

El Mag. Néstor Falcón no tenía planeado convertirse en epidemiólogo. Cuando eligió estudiar medicina veterinaria, lo que lo movía era otra cosa: la fascinación por los animales équidos, por estar cerca de ellos, por participar en su cuidado. Esa motivación inicial se fue transformando dentro de la universidad, cuando se integró a un grupo de investigación en epidemiología y salud pública. Desde ahí el rumbo cambió.

Ese desplazamiento no fue una ruptura, sino una ampliación. La veterinaria dejó de ser solo el cuidado del animal individual y se convirtió en una forma de entender cómo las enfermedades circulan entre especies, cómo afectan a las poblaciones y cómo pueden prevenirse.

Esa mirada es la que hoy organiza la Maestría en Epidemiología y Salud Pública en Veterinaria, que coordina en la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Peruana Cayetano Heredia.

Una necesidad que el sistema no cubría

El punto de partida del programa es una observación concreta. Quienes buscan formarse en salud pública encuentran una oferta amplia, casi siempre orientada a los problemas humanos. Esta maestría llega a ocupar un espacio distinto: el de la perspectiva veterinaria, con todo lo que implica en términos de zoonosis, inocuidad alimentaria y salud ambiental.

«Cuando los colegas quieren estudiar maestría en salud pública, encuentran una serie de ofertas, pero desde una mirada del lado humano. Pero no existe una con un enfoque desde la veterinaria», explica el Mag. Falcón. Esa brecha es la que el programa busca cerrar: formar expertos capaces de liderar las áreas de vigilancia, prevención y control de enfermedades que involucran al mundo animal y el ambiente, para la protección de las personas.

Las consecuencias de no tener esa formación pueden ser graves. El Mag. Falcón lo ilustra con un ejemplo directo: si la influenza aviar ingresara al país y afectara un galpón de cien mil aves, la respuesta sanitaria exigiría la eliminación inmediata de todos los animales. El impacto económico sería enorme. Contar con profesionales preparados para anticipar y gestionar ese tipo de escenarios no es un lujo, sino una necesidad estructural.

Una salud, no dos

El enfoque que organiza el programa tiene un nombre: una salud. La idea central es que la salud humana, la animal y la ambiental no pueden separarse. Los problemas sanitarios más complejos —las zoonosis, las enfermedades transmitidas por alimentos, la resistencia antimicrobiana— ocurren en esa intersección.

«Los problemas son multidisciplinarios y las intervenciones ya no se pueden dar por disciplinas individuales, sino que se tienen que dar a través de un enfoque multidisciplinario como es el llamado enfoque una salud», señala el Mag. Falcón. Desde esa perspectiva, la maestría no forma solo a veterinarios.

Convoca también a biólogos, profesionales de la salud y a quienes trabajan en economía pecuaria o economía de la salud. Lo que importa es tener una base teórica en salud animal y epidemiología veterinaria.

De la prevención a la eliminación

Las competencias que desarrollan los participantes se organizan en torno a cuatro ejes:

  • Vigilancia
  • Diagnóstico
  • Intervención
  • Investigación

Esos ejes responden a las distintas fases que puede tener un problema sanitario: prevenir que aparezca, controlarlo cuando ya está presente, o eliminarlo cuando es posible.

Cada uno de esos momentos exige herramientas diferentes. La vigilancia epidemiológica, por ejemplo, atraviesa los tres: permite anticipar riesgos, monitorear su evolución y evaluar el efecto de las intervenciones. «La preocupación es que nuestros colegas o las personas que están interesadas en esta área puedan desarrollar competencias relacionadas a la vigilancia epidemiológica», dice el Mag. Falcón.

A eso se suma la investigación, tanto básica como aplicada. No como ejercicio académico aislado, sino como herramienta para entender los problemas reales y proponer respuestas concretas. El tipo de investigación que se desarrolla debe adecuarse al tipo de problema que se enfrenta: no es lo mismo diseñar una estrategia de prevención que implementar un programa de eliminación.

Una trayectoria construida en el campo

La experiencia del Dr. Falcón en investigación recorre varias líneas. En San Marcos trabajó en estudios sobre cisticercosis, una enfermedad zoonótica en la que el cerdo funciona como hospedero intermediario. Más tarde, ya en la Cayetano Heredia, desarrolló dos áreas de trabajo que marcarían su trayectoria: la tenencia responsable de animales de compañía y las zoonosis desatendidas.

En el primer campo, los estudios de estimación de población de animales de compañía que coordinó fueron adoptados por municipalidades como herramienta de gestión. En el segundo, el trabajo se concentró en enfermedades como la Hidatidosis, Cisticercosis, toxocariasis, etc., que no cuentan con programas de control estatal. Frente a esa ausencia, la apuesta fue la intervención educativa: enseñar a estudiantes de primaria reconocer a los reservorios, cómo se transmiten esas enfermedades, cual es el impacto sobre la salud humana y cómo prevenirlas.

Esa experiencia acumulada en el campo es la que alimenta el programa. No se trata de una formación construida desde la teoría hacia la práctica, sino al revés: de problemas reales hacia las herramientas que permiten enfrentarlos.

Formación virtual con vocación nacional

El programa se imparte principalmente de forma virtual, con la posibilidad de participar en algunas actividades en modalidad híbrida. La decisión responde a una lógica territorial: los profesionales con necesidades de formación en epidemiología veterinaria no solo se concentran en Lima.

«A veces las necesidades de médicos veterinarios con competencias en epidemiología y salud pública están en el interior del país», explica el Mag. Falcón. La modalidad virtual permite que nadie quede excluido por razones de distancia. Las sesiones híbridas específicas garantizan que quienes puedan asistir presencialmente lo hagan, y que quienes no puedan igualmente participen en tiempo real.

Ese modelo no es solo una decisión logística. Es también una forma de entender para quién se diseña el programa y qué impacto se espera que tenga: uno que llegue a los lugares donde la formación especializada suele estar ausente y donde, por eso mismo, más se necesita.

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