Dra. Clarisa Hinostroza: la ciencia detrás de la mirada de una veterinaria
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La Dra. Clarisa Hinostroza encontró en la veterinaria una forma natural de unir dos de sus principales pasiones: los animales y la medicina. Hoy, impulsa la formación especializada en oftalmología veterinaria, convencida de que comprender el ojo animal exige una mirada clínica rigurosa y profundamente científica.
La relación de la Dra. Clarisa Hinostroza con los animales empezó mucho antes de elegir una carrera. En la casa materna, creció rodeada de conejos, pollos, mascotas domésticas, entre otras especies de granja. Esa convivencia cotidiana terminó marcando el camino que seguiría años después: la medicina veterinaria.
Aquella familiaridad temprana fue formando, casi sin darse cuenta, una sensibilidad particular. Sin embargo, en el colegio, el camino todavía no estaba del todo claro. Un test vocacional le sugirió biología. Pero el término le resultaba distante. “Yo no había escuchado nunca de esa carrera”, explica. Entonces hizo lo que muchos jóvenes no hacen: investigar. Miró opciones, analizó posibilidades, pensó en lo que realmente le interesaba.
Entonces descubrió un elemento que se repetía entre todas sus opciones: la salud. Pero, al mismo tiempo, existía una voz que no podía ignorar: los animales. Así, la respuesta apareció sola. “Me di cuenta de que podía combinar ambos intereses en la veterinaria”, dice. Con el tiempo, esa decisión no solo se confirmó, sino que se volvió una convicción profunda. “Creo que he hecho la elección correcta de mi vida. Es algo que me apasiona totalmente”.
Ciencia para tratar
La práctica veterinaria exige algo más que intuición clínica. Requiere una comprensión rigurosa de los mecanismos que permiten tratar enfermedades con precisión. Por eso, después de terminar su carrera, la Dra. Hinostroza decidió profundizar en un campo clave de la medicina: la farmacología.
“Después del diagnóstico viene el tratamiento, y para hacer el tratamiento necesitas conocer bien los fármacos”, explica. Ese razonamiento la llevó a realizar una maestría en Farmacología Experimental. La decisión tenía una lógica práctica: fortalecer las herramientas terapéuticas que todo médico necesita dominar.
Más adelante cursó una segunda maestría en Ciencias Veterinarias, un programa que le permitía mantener el enfoque en su disciplina. En ese contexto participó en proyectos de investigación vinculados a diferentes especies y problemáticas sanitarias.
Uno de esos proyectos estuvo relacionado con los paiches, un enorme pez amazónico de importancia económica y ecológica. La investigación, financiada con fondos del Concytec, abordó temas de sanidad acuícola y reunió a varios especialistas en un estudio de gran escala.
Investigación en múltiples especies
La investigación científica en veterinaria tiene una característica particular: el campo de estudio es tan diverso como el mundo animal. La Dra. Hinostroza ha trabajado también con camélidos sudamericanos, analizando parásitos y enfermedades que afectan a estas especies. En paralelo, ha participado en estudios sobre bacterias presentes en granos utilizados en bebidas para consumo humano.
Los hallazgos no eran menores. Algunas de esas bacterias podían representar riesgos para la salud pública, lo que introduce un elemento clave en la medicina veterinaria moderna: el concepto de enfermedades zoonóticas, aquellas que pueden transmitirse entre animales y humanos. La investigación, entonces, no se limita a mejorar la salud animal. También protege a las personas.
A lo largo de su carrera ha combinado estos proyectos con la formación de nuevos profesionales. Ha sido asesora de tesis en diversas áreas, aunque hay una que ocupa un lugar especial en su trayectoria: la oftalmología.
La especialidad que define su carrera
Su vínculo con la oftalmología comenzó temprano. Desde su tesis de bachillerato se interesó por las enfermedades oculares en animales. Con los años, a través de sus diferentes experiencias formativas, ese interés se transformó en una línea de trabajo constante: asesorías de tesis, investigaciones y práctica clínica en el área.
Hoy, esa experiencia converge en una iniciativa académica concreta: la coordinación del Diplomado de Especialización en Oftalmología Veterinaria de Animales de Compañía. La decisión de relanzar este programa responde a una necesidad real dentro de la profesión. “Hay pocos veterinarios que se dedican a esta área”, explica.
Las enfermedades oculares en animales de compañía —perros, gatos y otras especies domésticas— requieren técnicas diagnósticas específicas y una formación que muchas veces no se profundiza en el pregrado. El diplomado que lidera busca justamente acortar esa brecha.
Una visión clínica
El programa tiene un objetivo claro: que los veterinarios desarrollen una comprensión profunda del sistema ocular y puedan diagnosticar correctamente las patologías que los afectan.
“Queremos que el médico veterinario domine las técnicas de diagnóstico oftalmológico”, señala.
Para lograrlo, el diplomado comienza desde lo esencial. Anatomía y fisiología del ojo, pero estudiadas con el nivel de detalle que exige una especialización.
En el pregrado, explica la doctora, la oftalmología suele abordarse de manera introductoria. Sin embargo, el ojo es una estructura extraordinariamente compleja. “Es todo un mundo”, dice. Comprenderlo implica aprender a identificar sus múltiples estructuras, reconocer dónde se originan las enfermedades y establecer diagnósticos diferenciales adecuados.
Ese enfoque es lo que el programa define como una visión clínica: la capacidad de analizar el ojo como un sistema completo, relacionar síntomas con patologías y proponer tratamientos precisos.
El diplomado está dirigido exclusivamente a médicos veterinarios y bachilleres en veterinaria. La razón es simple: requiere una base sólida en medicina animal para poder aprovechar la formación especializada.
Aprendizaje más allá del programa.
Uno de los objetivos implícitos es crear una comunidad de profesionales interesados en esta especialidad. “Queremos mantener el contacto entre veterinarios que trabajen en esta área”, explica. Porque, como ocurre con muchas disciplinas científicas, el conocimiento avanza mejor cuando se construye colectivamente. Y, en ese proceso, la mirada clínica se convierte también en una forma de mirar el futuro de la medicina veterinaria.




