Dr. Ignacio Del Moral: la educación es transmitir y facilitar
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Anestesiólogo, director de programas en español del Center for Medical Simulation vinculado a Harvard y referente internacional en simulación clínica, el Dr. Ignacio Del Moral coordina dos programas en la Universidad Peruana Cayetano Heredia que apuntan a transformar la forma en que se enseña y se evalúa en las ciencias de la salud.
Hay una pregunta que el Dr. Ignacio Del Moral considera obsoleta: ¿qué tengo que enseñar? La reemplazó por otra: ¿en qué voy a preparar al estudiante? Esa diferencia, que puede parecer sutil, cambia todo lo que viene después: el diseño de las clases, el rol del docente, la forma de evaluar, la manera de entender el aprendizaje.
Médico especialista en anestesiología y reanimación en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla en Santander, España, Del Moral es también director de programas en español del Center for Medical Simulation —vinculado a Harvard— para España y Latinoamérica. Desde ese rol lleva más de una década diseñando e implementando programas que utilizan la simulación clínica como herramienta de aprendizaje, seguridad del paciente y transformación institucional.
En 2026, su trabajo se articula con la Universidad Peruana Cayetano Heredia a través de dos programas que, juntos, cubren las dos caras de ese proceso: cómo enseñar mejor y cómo evaluar con rigor.
Del papel al hacer, y del hacer al reflexionar
La II Jornada Internacional para Facilitadores en Metodología de Simulación y Aprendizaje Experiencial es una experiencia formativa presencial e intensiva de dos días, desarrollada en el Centro Interdisciplinario de Simulación Avanzada (CISA) de la Cayetano Heredia en La Molina. Su propósito es preparar a docentes y profesionales de la salud como facilitadores capaces de diseñar experiencias de aprendizaje activo.
El programa se estructura sobre una lógica que Del Moral resume con claridad: «Vamos a pasar del papel al hacer, y del hacer al reflexionar». El aprendizaje experiencial coloca al estudiante como protagonista de su propio proceso. Ya no se trata de memorizar, sino de practicar, decidir y luego analizar lo que ocurrió.
Ese análisis posterior tiene un nombre específico en el campo de la simulación: debriefing. Es la conversación donde la experiencia vivida —las emociones, las decisiones, los errores— se transforma en aprendizaje aplicable. «Es ese espacio donde transformo la experiencia en aplicaciones futuras», explica Del Moral. Dominar esa conversación es una de las competencias centrales que desarrollan los participantes de la jornada.
El desafío del facilitador
Pasarse de docente a facilitador no es un cambio de nombre. Es un cambio de identidad. Un docente que da clases organiza su labor en torno a lo que sabe. Un facilitador organiza su labor en torno a lo que el estudiante necesita practicar y reflexionar.
«Mi identidad ya no está tanto en cuánto sé, sino en cómo estimulo, cómo motivo, cómo diseño actividades para el estudiante», señala Del Moral. Ese desplazamiento requiere aprender herramientas nuevas: principios del aprendizaje experiencial, diseño inverso, construcción de entornos seguros para el error, estrategias de retroalimentación.
La jornada trabaja todos esos elementos de manera práctica. Los participantes no solo escuchan sobre estas metodologías: las viven. Esa coherencia entre el contenido y la forma es parte del diseño del programa.
Hay también un desafío institucional que Del Moral identifica con precisión: las universidades y los hospitales tienen la oportunidad de transformar sus estructuras docentes para dar más espacio a la práctica que a la teoría. Ese cambio cultural no ocurre solo con buenas intenciones. Requiere que los profesores estén formados en metodologías que lo hagan posible.
Evaluar es investigar
El segundo programa que coordina Del Moral en la Cayetano Heredia tiene un foco distinto pero complementario: la evaluación. El Curso Internacional de Evaluación de Competencias Mediante Simulación con Enfoque en Investigación es un curso virtual de cinco semanas orientado a quienes diseñan o implementan evaluaciones en contextos de simulación.
El programa gira en torno al ECOE —Examen Clínico Objetivo Estructurado—, una metodología de evaluación que organiza distintas estaciones donde los estudiantes deben demostrar competencias clínicas concretas ante evaluadores con criterios estandarizados. Su uso está extendido en la formación médica internacional, pero diseñar estaciones válidas y confiables requiere metodología rigurosa.
«La investigación es la única manera de validar las estaciones de evaluación de competencias», afirma Del Moral. Sin ese respaldo científico, lo que se observa en una evaluación puede no reflejar con precisión la competencia real del estudiante. Los juicios sobre desempeño pierden solidez.
Preguntas sólidas, resultados útiles
El curso enseña a formular preguntas de investigación pertinentes, a seleccionar metodologías —cuantitativas, cualitativas o mixtas— que respondan a esas preguntas, y a interpretar los resultados de manera consistente. También forma a los participantes en el diseño de estaciones ECOE, la construcción de rúbricas de desempeño y la validación de instrumentos con criterios psicométricos.
«Lo que no se investiga no se conoce, y lo que no se conoce no se mejora», sintetiza Del Moral. Esa lógica convierte la investigación en una herramienta práctica, no en un ejercicio académico separado de la realidad del aula o del centro de simulación.
El programa culmina con un proyecto aplicado: cada participante diseña una propuesta de investigación o de validación de una estación ECOE en su propio contexto institucional. El aprendizaje se ancla en una situación real, no en un caso hipotético.
Tecnología al servicio del estudiante
En ambos programas, la tecnología aparece como medio, no como fin. Del Moral ha liderado durante años la incorporación de realidad virtual, impresión 3D e inteligencia artificial en entornos de formación clínica. Pero su posición es consistente: «La tecnología es un facilitador. El fin es la preparación del estudiante».
Ese principio organiza la forma en que se presentan las herramientas tecnológicas en los programas: como recursos que amplían las posibilidades de práctica y análisis, no como sustitutos del criterio pedagógico ni del juicio clínico.
Para Del Moral, la simulación clínica y el aprendizaje experiencial no son tendencias pasajeras. Son una respuesta a una necesidad real: que los profesionales de la salud lleguen a su práctica habiendo practicado antes, habiendo reflexionado sobre sus decisiones y habiendo recibido retroalimentación de calidad. Esa preparación marca la diferencia. Y enseñarla bien requiere docentes que hayan aprendido a facilitar, no solo a transmitir.





