Mag. Efraín Ticona: enseñar empieza por investigar el propio entorno
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Con formación en dos países y especialización en investigación cualitativa, evaluación educativa, políticas educativas y didáctica universitaria, el Mag. Efraín Ticona coordina una maestría que forma docentes de educación superior como profesionales capaces de investigar, liderar e innovar en el aula.
Hay un problema que persiste en la educación superior: muchos profesionales llegan a enseñar sin haber recibido formación pedagógica. Son expertos en su campo —médicos, ingenieros, abogados, economistas— pero no necesariamente en cómo transmitir ese conocimiento, diseñar una evaluación rigurosa o conducir un proceso formativo con criterio.
Ese es el punto de partida del Mag. Efraín Ticona, coordinador de la Maestría en Educación con Mención en Docencia e Investigación en Educación Superior de la Universidad Peruana Cayetano Heredia. El programa no busca formar educadores en el sentido tradicional. Busca formar docentes universitarios que puedan diagnosticar problemas reales en su entorno y construir respuestas desde la evidencia.
«La investigación educativa en el siglo XXI transforma las aulas al sustituir la intuición por evidencia científica», señala el Mag. Ticona. Esa es la premisa que organiza el programa.
Investigación como columna vertebral
La maestría tiene un eje que atraviesa los tres semestres: la investigación. No como un curso aislado al final del proceso, sino como un componente que se desarrolla de manera progresiva desde el primer ciclo. El plan de estudios parte de los fundamentos de la investigación educativa, avanza hacia la metodología y culmina en un seminario donde los participantes concluyen su trabajo de investigación.
Ese recorrido está acompañado por asesoría personalizada. La maestría cuenta con investigadores especializados tanto en enfoques cuantitativos como cualitativos, que acompañan a los maestrandos durante el proceso. El objetivo es que cada participante llegue al grado con una investigación terminada, no que quede a mitad de camino.
Para el Mag. Ticona, ese acompañamiento no es opcional. Es una condición para que la formación tenga impacto real. Un docente que investiga su propio entorno formativo —las dificultades de aprendizaje de sus estudiantes, los límites de sus estrategias didácticas, los factores que condicionan los resultados— está en condiciones de mejorar con fundamento, no por intuición.
Docencia para todos los entornos
El contexto en el que enseñan los docentes en educación superior hoy es más complejo. La virtualidad dejó de ser una alternativa de emergencia y se instaló como modalidad permanente en muchas instituciones como también la presencialidad. Eso exige competencias que antes no eran prioritarias: dominio de plataformas digitales, diseño de experiencias de aprendizaje en línea, evaluación formativa en entornos virtuales.
La maestría incorpora esa realidad desde el diseño del plan de estudios. Hay asignaturas específicas en didáctica universitaria y competencias digitales docentes, en tendencias de la docencia presencial y a distancia, y en evaluación de aprendizajes en contextos virtuales. No se abordan como compartimentos separados: el programa los integra como parte de una misma competencia docente que funciona en cualquier modalidad.
«El entorno actual exige dominar las competencias digitales, integrando fluidamente las modalidades presencial y virtual», explica el coordinador. Ese dominio no es técnico solamente: supone criterio pedagógico para saber cuándo y cómo usar cada herramienta.
Liderazgo y gestión en la formación
Un docente en educación superior forma parte de una institución, con sus procesos de acreditación, sus criterios de calidad y sus estructuras de gestión. Entender ese sistema es parte del trabajo docente, especialmente para quienes aspiran a ocupar roles de mayor responsabilidad.
La maestría incorpora asignaturas de gestión y liderazgo en instituciones de educación superior, así como un curso centrado en calidad, evaluación y acreditación. Esos contenidos no son administrativos en un sentido burocrático: apuntan a que los maestrandos entiendan cómo se organiza la calidad educativa y cómo pueden contribuir a sostenerla desde sus propios roles.
«Liderazgo y gestión son motores esenciales para solucionar problemas del entorno académico y garantizar la calidad a mediano y largo plazo», sostiene el Mag. Ticona. Esa visión conecta la formación individual del docente con el desarrollo institucional de las universidades.
Profesionales de cualquier disciplina
La maestría está dirigida a profesionales con grado de bachiller universitario y experiencia en educación superior, independientemente de su campo de formación. No es exclusiva para licenciados en educación. Un médico que enseña en una facultad de medicina, un ingeniero que dicta cursos de ingeniería, un economista que imparte clases en ciencias empresariales: todos pueden ingresar y todos tienen algo que aportar.
Esa apertura responde a una lectura del contexto actual. «En el siglo XXI se exige profesionales como agentes transformadores», señala el Mag. Ticona. La enseñanza universitaria ya no puede reducirse al dominio del contenido. Requiere también dominio pedagógico, capacidad investigativa y comprensión del sistema educativo.
La diversidad de perfiles que se encuentran en el programa es, en ese sentido, parte del aprendizaje. Docentes de distintas disciplinas que comparten métodos, discuten problemas comunes y construyen una perspectiva más amplia sobre la educación superior.
Una certificación intermedia
Al concluir el tercer semestre, los participantes tienen la posibilidad de obtener una certificación adicional: el Diplomado en Docencia en Educación Superior. Para acceder a este, deben presentar una propuesta de innovación y completar los trámites correspondientes. Es un reconocimiento que se suma al proceso de formación sin interrumpirlo.
Ese esquema permite a los participantes acreditar competencias antes de obtener el grado de maestro, lo que puede tener valor inmediato en el mercado laboral y en sus instituciones de origen.
Para el Mag. Ticona, el objetivo del programa se puede formular de manera simple: que cada maestrante concluya con la capacidad de mejorar lo que hace en el aula, con evidencia, con criterio y con herramientas para seguir aprendiendo. En un sistema educativo que cambia con rapidez, esa capacidad de adaptación es lo que define a un buen docente en educación superior.





