Dr. Manuel Pérez Martinot: la ética no es un adicional, es una condición

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Manuel Perez

Médico oftalmólogo, investigador y presidente del Comité Institucional de Ética en Investigación de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, el Dr. Manuel Pérez Martinot coordina una maestría que aborda la bioética como un campo de análisis y decisión aplicable a la salud, el derecho, la política y la comunicación. El programa busca formar profesionales capaces de enfrentar dilemas éticos con criterios sólidos y perspectiva interdisciplinaria.

Hay preguntas que la medicina no puede responder. Por ejemplo, qué hacer en un procedimiento o en un protocolo clínico cuando los valores del médico o la autonomía de un paciente entran en tensión, cómo evaluar éticamente un proyecto de investigación que involucra poblaciones vulnerables, hasta dónde puede llegar el avance biotecnológico sin comprometer la dignidad humana. Para el Dr. Manuel Pérez Martinot, esas preguntas no son periféricas: son el núcleo de su trabajo.

Su recorrido combina la práctica clínica como médico oftalmólogo, la docencia, la investigación y la presidencia del Comité Institucional de Ética en Investigación de la Universidad Peruana Cayetano Heredia. Desde ese cruce de experiencias, coordina la Maestría en Bioética, un programa que él mismo describe como la respuesta a una necesidad que fue verificando a lo largo de los años: la falta de profesionales con criterios éticos sólidos para enfrentar los desafíos contemporáneos en salud, ciencia y más allá.

Un programa hecho desde la necesidad

La maestría parte de una constatación. El progreso científico y tecnológico avanza a una velocidad que los marcos éticos existentes no siempre logran acompañar. Nuevas tecnologías, nuevos dilemas clínicos complejos, nuevas formas de investigación: cada uno de esos avances plantea preguntas que requieren formación específica para ser respondidas con rigor.

«He podido constatar la necesidad de formar profesionales con sólidos criterios éticos para poder enfrentar los desafíos contemporáneos, tanto en salud, ciencia y demás», señala el Dr. Pérez Martinot. El programa integra una base teórica robusta con aplicación práctica, abordando desde la teoría de la bioética hasta el impacto social de los avances biomédicos, pasando por la relación entre ciencia, tecnología y ética.

Más allá de la medicina

Uno de los rasgos que distingue a esta maestría es la amplitud de su alcance. La bioética no es un campo exclusivo de los profesionales de la salud. Sus preguntas atraviesan el derecho, la política, la economía, la comunicación y la educación.

Por eso el programa convoca a tres grandes grupos:

  • Profesionales de las ciencias de la salud: médicos, enfermeras, farmacéuticos, psicólogos, nutricionistas, trabajadores sociales.
  • Profesionales de las ciencias sociales y jurídicas: abogados, economistas, politólogos, sociólogos, antropólogos y comunicadores.
  • Educadores, filósofos y humanistas interesados en los aspectos éticos de su práctica.

Esa diversidad no es casual. La bioética, como campo, se fortalece cuando distintas disciplinas dialogan. Un dilema clínico complejo no puede resolverse solo desde la medicina; requiere también perspectivas jurídicas, filosóficas y sociales. El programa está diseñado para que ese diálogo ocurra.

Herramientas para decidir con criterio

El programa desarrolla competencias prácticas para el análisis y la resolución de dilemas éticos. Los participantes aprenden marcos estructurados para identificar actores, ponderar valores en conflicto y construir argumentos éticamente fundamentados. También trabajan en el diseño de proyectos de investigación en bioética, aplicando análisis estadístico y redacción científica para generar evidencia útil en la toma de decisiones.

Un componente especialmente destacado es la asignatura sobre estructura y funcionamiento de los comités de ética. Allí los participantes conocen los marcos normativos nacionales e internacionales que regulan la investigación con seres humanos, aprenden los procedimientos para la revisión ética de protocolos y desarrollan habilidades para la deliberación colegiada. Pero la formación no se limita a los comités de étca en investigación, cuya función central es proteger a los participantes de los estudios: también abarca los comités de ética asistenciales u hospitalarios, cuya función principal es orientar y recomendar la acción más prudente ante un caso clínico complejo.

«Tiene un enfoque práctico con docentes que forman parte de comités de ética institucionales», explica el Dr. Pérez Martinot, lo que permite a los estudiantes aprender desde la experiencia real.

Una certificación que acompaña el proceso

El programa ofrece la posibilidad de obtener el Diplomado de Especialización en Bioética al completar el primer semestre. Esa certificación no es un paso previo separado, sino parte del propio recorrido de la maestría: los créditos obtenidos se reconocen dentro del programa completo, que tiene una duración de quince meses y cuarenta y ocho créditos académicos.

Esa estructura responde a una intención clara: que los participantes puedan acreditar su formación de manera progresiva, sin tener que esperar al final del programa para contar con un respaldo formal de lo aprendido.

Virtual pero sin perder profundidad

La maestría se dicta en modalidad completamente virtual, con clases en vivo grabadas y acceso permanente a la plataforma. Para el Dr. Pérez Martinot, esa modalidad no sacrifica profundidad: al contrario, permite que los participantes revisen los métodos de deliberación y los casos prácticos tantas veces como lo necesiten, adaptando el ritmo de aprendizaje a sus responsabilidades laborales y personales.

Ese acceso flexible resulta especialmente relevante para profesionales que ya trabajan en contextos donde los dilemas éticos son parte de su cotidianidad. La formación no les pide que detengan su práctica, sino que la enriquezcan con herramientas que les permitan actuar con mayor criterio y responsabilidad.

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