Mag. Aníbal Velásquez: nadie enseña a ser autoridad sanitaria

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Cuando llegó la pandemia, quedó en evidencia algo que el Mag. Aníbal Velásquez Valdivia ya sabía desde antes: los gobiernos regionales no estaban preparados para enfrentar una emergencia sanitaria de esa escala. No porque carecieran de recursos, sino porque nadie los había formado para ejercer el rol que la ley les asigna.

«Nadie le enseña a nadie a ser una autoridad sanitaria, en ningún lado», afirma con precisión. Ese vacío —que el COVID volvió inocultable— es exactamente el que el Diplomado de Especialización en Alta Dirección y Autoridad Sanitaria Regional de la Universidad Peruana Cayetano Heredia busca llenar.

Médico, magíster en Epidemiología y en Malariología y Saneamiento Ambiental, el Mag. Velásquez fue Viceministro de Salud Pública y Ministro de Salud entre 2014 y 2016, Jefe del Instituto Nacional de Salud, Director General de Seguimiento y Evaluación del MIDIS y asesor del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas. Acumula más de 25 años de experiencia en alta dirección sanitaria y gestión de emergencias en 16 países de América Latina y el Caribe.

Administrar servicios no es lo mismo que ejercer autoridad

La distinción que Velásquez traza es fundamental para entender el programa. En el Perú existe una oferta considerable de formación en gerencia de salud, administración hospitalaria y gestión de redes. Todos esos programas enseñan a administrar servicios. Lo que no existe —hasta ahora— es una formación orientada a algo distinto: ejercer la autoridad sanitaria.

Un director regional de salud no es solo un gerente. Es la máxima autoridad sanitaria de su territorio. Tiene el mandato legal de supervisar al sector privado, regular el cumplimiento de normas técnicas, intervenir ante crisis, movilizar recursos, priorizar la prevención sobre la atención de urgencias y negociar con el gobierno regional para que la salud pública tenga el financiamiento que necesita. Ese conjunto de funciones no se aprende gestionando un hospital.

«Una autoridad sanitaria decide dónde prioriza los recursos, dónde pone la prioridad. Ese rol nadie lo enseña», señala el coordinador. El resultado, que el sistema evidencia año tras año, es que los directores regionales terminan administrando solo los servicios del gobierno regional y dejando sin ejercer todas las funciones de rectoría que la norma les asigna.

La descentralización y su costo no previsto

La descentralización del sistema de salud peruano fue diseñada pensando en acercar la atención clínica a las personas. Nadie previó que el principal problema iba a ser la salud pública. Las funciones de prevención, vigilancia epidemiológica, respuesta a emergencias y regulación sanitaria pasaron a los gobiernos regionales sin que estos recibieran la formación para ejercerlas.

Velásquez lo ilustra con un ejemplo reciente y concreto: el brote de sarampión en Loreto. La solución era simple —vacunar—, pero el nivel central no podía actuar porque esa función corresponde al gobierno regional. Y el gobierno regional, en huelga, no vacunaba. El brote se expandió. «Por mala gestión de los gobiernos regionales», resume el coordinador, sin eufemismos.

Ese tipo de situaciones —que se repiten con distintos nombres en distintas regiones— es lo que el diplomado busca prevenir. No mediante más normas, sino formando autoridades capaces de entender su mandato y actuar en consecuencia.

Transmisión de conocimientos y mentoría

El diplomado tiene una característica que el propio Velásquez subraya: no es un programa académico en el sentido convencional. No busca transmitir conocimientos teóricos ni otorgar un grado. Su valor está en otro lugar: la experiencia acumulada de quienes han ejercido la autoridad sanitaria y aprendido en el camino.

«Todos los profesores son directores regionales que han pasado y han aprendido en el camino. Todos los que están enseñando han estado en el Ministerio de Salud», explica. La plana docente incluye viceministros, directores regionales con trayectoria en Cusco, Ica, La Libertad, Junín y Áncash, y especialistas en comunicación de riesgos, emergencias sanitarias y salud digital.

El plan de estudios organiza esa experiencia en cinco asignaturas: rectoría sanitaria y dirección política territorial; dirección estratégica y priorización sanitaria regional; gestión de crisis y comunicación de riesgos; gestión de sistemas y personas; e innovación y simulación directiva. El programa concluye con un taller integrador de simulación directiva donde los participantes enfrentan un caso complejo con presencia de los mentores.

Las competencias que el sistema no forma

Velásquez es específico sobre qué aprende quien pasa por el diplomado. Una autoridad sanitaria necesita saber hablar en medios cuando hay una crisis: la comunicación de riesgos no es un accesorio, es una función de salud pública. Necesita saber negociar con el gobierno regional para que la prevención tenga presupuesto, porque los gobiernos regionales tienden a priorizar inversiones más visibles. Necesita saber movilizar recursos propios en una emergencia sin esperar instrucciones del nivel central.

«Si un funcionario no entiende la importancia de la prevención —porque eso es lo que tiene más impacto— va a financiar solamente cuando hay una crisis. Y va a administrar las ineficiencias del sistema», afirma el coordinador. Cambiar esa lógica requiere más

que información: requiere que la autoridad entienda su rol y tenga herramientas para ejercerlo.

Para quiénes está pensado

El diplomado convoca a directivos y autoridades del sector salud en todos los niveles —DIRESA, GERESA, redes, hospitales—, a funcionarios del MINSA, SUSALUD y SIS, y a profesionales que aspiran a ocupar roles de liderazgo en la gestión sanitaria territorial. No es exclusivo para médicos: un director regional no tiene que ser médico, y el programa está abierto a cualquier perfil de salud con aspiraciones de conducción.

También convoca a consultores de cooperación internacional y profesionales del sector privado interesados en comprender cómo funciona la rectoría sanitaria desde adentro. El programa se desarrolla en modalidad semipresencial, con clases los miércoles por la tarde y los sábados por la mañana, a lo largo de cinco meses.

Para Velásquez, la apuesta es clara: el sistema de salud peruano no va a mejorar solo con más presupuesto o mejores normas. Necesita autoridades que entiendan que su función es conducir una política, no solo administrar lo que ya existe. Ese entrenamiento, por primera vez, existe

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