Mag. Diana Pacheco Ponce: entender los trastornos alimentarios para intervenir a tiempo
Desde la psicología clínica y años de trabajo con pacientes y familias, la Mag. Diana Pacheco coordina un diplomado especializado en trastornos de la conducta alimentaria. El programa busca formar profesionales con criterio para detectar, evaluar e intervenir de manera temprana y efectiva. Hay una situación que la Mag. Diana Pacheco ha enfrentado con frecuencia a lo […]

Desde la psicología clínica y años de trabajo con pacientes y familias, la Mag. Diana Pacheco coordina un diplomado especializado en trastornos de la conducta alimentaria. El programa busca formar profesionales con criterio para detectar, evaluar e intervenir de manera temprana y efectiva.
Hay una situación que la Mag. Diana Pacheco ha enfrentado con frecuencia a lo largo de su carrera: un joven que empieza a mostrar señales preocupantes en su relación con la alimentación, y los adultos a su alrededor, incluidos algunos profesionales de salud, que le restan importancia. Que lo ven como algo propio de la edad. Que esperan. Y cuando la intervención llega, ya lleva meses de retraso.
Esa brecha entre la señal y la respuesta efectiva es uno de los problemas centrales que el Diplomado de Especialización en Evaluación e Intervención Psicológica en Trastornos de la Conducta Alimentaria busca cerrar. El programa forma profesionales con el criterio especializado para actuar antes de que el cuadro se agrave.
Un campo que exige formación específica
Los trastornos de la conducta alimentaria son condiciones complejas, con múltiples comorbilidades asociadas: ansiedad, depresión, y en algunos casos conductas vinculadas a intentos suicidas. Sin embargo, no siempre reciben el nivel de atención especializada que requieren. Parte del problema es que los primeros síntomas, especialmente en adolescentes, suelen ser minimizados o mal interpretados.
El diplomado aborda esa complejidad de manera integral. Revisa los aspectos psicopatológicos de los trastornos, los distintos tipos que pueden presentarse, los diagnósticos diferenciales y las comorbilidades más frecuentes. También trabaja la evaluación psicológica y el diseño de intervenciones adaptadas a cada caso.
Múltiples enfoques terapéuticos
Uno de los objetivos del programa es ampliar el repertorio de herramientas con que cuentan los profesionales para intervenir. El diplomado incorpora distintos marcos terapéuticos: la terapia cognitivo-conductual, la intervención familiar y las terapias de tercera generación. Esa diversidad permite que cada participante pueda elegir el abordaje más pertinente según el caso que enfrenta.
La intervención familiar ocupa un lugar especial en esa formación. Para la Mag. Pacheco, trabajar la conciencia de enfermedad en la familia es, muchas veces, la condición para que el paciente pueda avanzar. Los padres o familiares que comprenden la patología y siguen las recomendaciones del equipo especializado tienen un rol decisivo en el proceso de recuperación.
Detectar para intervenir a tiempo
El programa pone especial énfasis en la detección temprana. Esto implica que los profesionales puedan reconocer los primeros indicadores del trastorno y actuar antes de que la situación se vuelva más compleja. También implica saber cuándo derivar a atención hospitalaria, una decisión que requiere criterio clínico y claridad sobre los límites de cada nivel de atención.
Uno de los aprendizajes que el diplomado busca instalar es que la recuperación del peso no equivale a la recuperación del paciente. El trastorno tiene una dimensión psicológica que exige un abordaje sostenido, y confundirlo con un problema nutricional resuelve solo una parte del problema.
Aprender haciendo: simulación clínica
El programa se desarrolla principalmente en modalidad virtual, pero incorpora sesiones presenciales los días sábado para trabajar aspectos específicos de la intervención. Una de las metodologías más destacadas es la simulación clínica: un profesional de actuación representa a un paciente siguiendo un guión diseñado para el ejercicio, y los participantes practican la intervención frente a sus compañeros y al docente.
Esa dinámica permite aplicar en tiempo real las estrategias aprendidas en cada módulo. La retroalimentación del grupo y del docente convierte el ejercicio en un espacio de aprendizaje colectivo, donde la experiencia de cada participante enriquece la formación de todos.
Prevenir, no solo tratar
La formación no se limita a la intervención clínica. También desarrolla competencias para el trabajo preventivo con grupos de riesgo, especialmente adolescentes y jóvenes. Eso implica saber identificar contextos de vulnerabilidad, diseñar estrategias de prevención y trabajar con las familias antes de que el trastorno se instale.
Para la Mag. Pacheco, ese es uno de los aportes más importantes del programa: no solo preparar a los profesionales para atender casos ya diagnosticados, sino para actuar antes. Para que la intervención temprana sea posible, hace falta que quienes están en contacto con esa población tengan el conocimiento especializado que les permita reconocer las señales.
