Dr. Rodolfo Salas Gismondi: formar científicos capaces de generar nuevo conocimiento de impacto
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Paleontólogo de vocación, investigador de trayectoria internacional y coordinador del Doctorado en Ciencias de la Vida, el Dr. Rodolfo Salas Gismondi entiende la formación doctoral como un proceso riguroso, exigente y profundamente transformador. Un camino orientado a crear investigadores capaces de adentrarse en el mundo de lo desconocido para generar conocimiento original con impacto global.
Desde muy temprano, el Dr. Rodolfo Salas Gismondi supo que su interés estaba en el pasado profundo de la vida.
“Mi vocación es la paleontología”, afirma con claridad.
Sin embargo, el camino hacia ella no fue lineal. Su primera formación fue en Arquitectura, una elección influida por su inclinación al dibujo y la creatividad, y también por los consejos familiares.
“No era mi primera opción”, reconoce, pero fue una etapa que le permitió desarrollar una percepción distinta de la geometría de los objetos, total edificios y fósiles son en esencia forma y función .
Con el tiempo, la necesidad de acercarse a su verdadera vocación se impuso. Ingresó a estudiar Biología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, consciente de que esa base era indispensable para luego especializarse en paleontología.
“La Biología estaba mucho más cerca de lo que yo quería hacer”, explica ya que la paleontología es la biología del pasado.
Ese segundo estudio de pregrado fue el puente hacia la investigación científica que definiría su carrera.
Formarse para investigar
Su formación de posgrado se desarrolló fuera del país. Realizó el doctorado en Paleontología y Evolución en la Université de Montpellier, en Francia, y posteriormente estancias posdoctorales en la Universität Zürich y en el Smithsonian Tropical Research Institute, en Panamá. A ello se sumó una experiencia de investigación en el American Museum of Natural History de Nueva York.
Ese recorrido internacional se tradujo en una producción científica extensa. Ha participado en más de setenta publicaciones sobre vertebrados fósiles, muchas de ellas centradas en el Perú y Sudamérica. La evolución de los cocodrilos marinos en el mundo, el origen de los delfines de agua dulce , la aparición de adaptaciones y características extremas en los caimanes protoamazónicos, perezosos y otros mamíferos fósiles de Sudamérica y cocodrilos terrestres –parecidos a dinosaurios y cómo se originaron los ecosistemas del Perú forman parte de su campo de estudio.
“Mi tema es la anatomía y evolución de vertebrados fósiles”, precisa.
La investigación, en su caso, no es acumulación de datos, sino reconstrucción de historias biológicas a partir de evidencias concretas. Recientemente, además, publicó el primer libro peruano de paleontología de vertebrados , “Vertebrados fósiles del Perú” (2024), editado por la propia universidad.
Doctorado centrado en la investigación
Hoy, como coordinador del Doctorado en Ciencias de la Vida de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, el Dr. Salas Gismondi traslada esa experiencia a la formación de nuevos investigadores.
“Es un programa enfocado en proporcionar herramientas para hacer investigación científica y convertirse en investigadores de primer nivel”, señala.
El doctorado tiene una duración de tres años y sigue un modelo similar al europeo: el aprendizaje se da haciendo investigación, con una relación muy cercana entre el doctorando y su asesor.
“Es un programa muy exigente”, advierte.
La dedicación debe ser completa, porque en ese tiempo se espera producir conocimiento original de alto nivel.
El campo de estudio es amplio dentro de las ciencias de la vida. Biología, bioquímica, evolución, ecología, ciencias de la salud, veterinaria y otras áreas vinculadas a los organismos vivos forman parte del abanico posible. Lo común es el rigor metodológico y la orientación a la publicación científica.
Producir conocimiento con impacto
El objetivo del programa es claro: formar investigadores capaces de generar nuevo conocimiento y publicarlo en revistas científicas internacionales revisadas por pares, idealmente de audiencia multidisciplinaria.
“No solo revistas de especialidad, sino aquellas que tienen un público más amplio”, explica.
Aquellas cuyos resultados dialogan con distintos campos de la ciencia.
Para ello, el doctorado fortalece habilidades clave: capacidad de análisis, razonamiento lógico, pensamiento crítico y organización rigurosa del conocimiento.
“Un investigador tiene que cuestionar lo que se da por sentado”, afirma.
No aceptar ideas sin evidencia y ser capaz de proponer nuevas interpretaciones sustentadas en datos sólidos.
Infraestructura y acompañamiento
La formación se apoya en los laboratorios de investigación de la universidad, concentrados principalmente en el Edificio de Laboratorios de Investigación y Desarrollo (LID), ubicado en San Martín de Porres. Se trata de una infraestructura única en el país, dedicada exclusivamente a la investigación científica.
“Allí trabajan investigadores de primer nivel, reconocidos internacionalmente”, señala.
Ellos y sus equipos se convierten en los asesores de los doctorandos, acompañándolos de manera cercana durante todo el proceso de investigación.
Un perfil claro
El programa está dirigido a profesionales que buscan convertirse en investigadores científicos. No es un doctorado generalista. Está pensado para quienes desean desarrollar investigaciones cuantitativas y profundas, con metodologías complejas, análisis estadístico riguroso y una sólida base teórica.
“Buscamos personas interesadas en comprender los distintos aspectos de las ciencias de la vida”, explica el Dr. Salas Gismondi, ya sea desde las ciencias básicas —como la biología, la evolución o la paleontología— o desde las ciencias aplicadas, como la medicina, la farmacia o la veterinaria.
Formar científicos en un país donde aún son escasos es, para él, una tarea estratégica. El doctorado en Ciencias de la Vida responde a esa necesidad: crear investigadores capaces de pensar, cuestionar y producir conocimiento que dialogue con la ciencia global.



