Dr. Luis Miguel Cangalaya: una vida entre la la docencia y la investigación  

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Docente universitario, investigador RENACYT y autor de más de treinta artículos científicos, el Dr. Luis Miguel Cangalaya coordina el Doctorado en Educación de la Universidad Peruana Cayetano Heredia. Su camino, que empezó en la literatura y se consolidó en la educación y la investigación, hoy impulsa la formación de nuevos investigadores para el país.

El recorrido académico del Dr. Luis Miguel Cangalaya parece trazado por una misma necesidad: comprender y enseñar. Antes de dedicarse a la investigación educativa, fue la literatura la que lo llevó a las aulas.

Siempre me gustó leer, escribir”, recuerda.

Era un gusto nacido en la escuela, pero guiado más por la curiosidad que por la obligación. Por eso estudió literatura en pregrado, convencido de que las palabras podían abrir mundos, ordenar ideas y explicar realidades. 

Sus primeros años laborales fueron como profesor en colegios. En ese ejercicio descubrió algo que transformó su orientación profesional: la enseñanza también era un territorio en el que podía aportar.

Me di cuenta que también mi vocación iba por la educación”, cuenta.

Esa comprensión lo llevó a estudiar una segunda carrera: Educación. No era un giro, sino una continuidad. La docencia apareció como la extensión natural de su formación literaria. 

Cuando comenzó a trabajar en universidades —en cursos de investigación y TIC, y como asesor de tesis— sintió la necesidad de profundizar en su especialidad. Eligió una maestría en Lengua y Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Sentía que podía desarrollar capacidades más lingüísticas o literarias, y consolidar competencias de especialidad”, explica.

Ese posgrado le dio un piso académico que coincidía con sus primeras experiencias como docente universitario. 

Hacia la investigación educativa 

Luego vendría el doctorado. También en San Marcos, pero esta vez en la Facultad de Educación. Para entonces ya se había alejado de la docencia escolar y acumulaba años de experiencia en educación superior. Había empezado a enseñar investigación, a asesorar trabajos académicos, a trabajar con estudiantes que necesitaban desarrollar habilidades de investigación.

Sentía que eso iba a fortalecer sobre todo competencias investigativas, porque yo ya me comenzaba a dedicar a la investigación”, señala.

El doctorado fue, entonces, una decisión coherente: una forma de formalizar y profundizar un camino que ya había comenzado a recorrer.

Hoy, esa decisión se refleja en un conjunto amplio de publicaciones. Tiene “más de 30 artículos científicos publicados en revistas indexadas”, un volumen que le ha valido su reconocimiento como investigador RENACYT, el registro nacional del Concytec que certifica la trayectoria y la calidad de la producción científica en el país. Y no se trata solo de artículos: también ha publicado libros universitarios y textos de investigación, muchos en coautoría.

Desde el año 2021 venimos sacando un libro por año”, cuenta.

Son textos sobre metodología, redacción científica y elaboración de artículos, construidos desde la experiencia de enseñar a investigar. El más reciente acaba de ser publicado por el Fondo Editorial de Cayetano y presentado en la Feria del Libro del 2025. Y ya trabaja en el manuscrito del próximo, el correspondiente al 2026. 

La investigación como práctica diaria 

Como coordinador del Doctorado en Educación de la UPCH, su visión se expresa en la estructura misma del programa.

Es un doctorado principalmente orientado al ámbito investigativo”, afirma.

Esa orientación se refleja en un diseño donde la investigación ocupa casi todo el recorrido formativo: “del segundo ciclo hasta el sexto es pura investigación”. Solo el primer ciclo incluye cursos más generales, pero todos orientados a preparar al estudiante para investigar con solidez metodológica. 

El doctorado apuesta, además, por la innovación en la forma de graduarse. No solo existe la opción tradicional de la tesis: también se permite “graduarse elaborando artículos científicos y publicándolos en revistas indexadas de alto impacto”. Es una propuesta abierta para investigadores que ya están produciendo conocimiento y buscan un formato más ágil y vinculado al circuito académico contemporáneo. 

Experiencia investigativa 

Para un programa de este tipo, el perfil docente es central. El Dr. Cangalaya explica que cuentan con docentes principales de la UPCH —como la doctora Elisa Robles y la doctora Olga Bardales—, pero la selección de docentes invitados se realiza con criterios estrictos. Algunos ingresan primero como asesores, para familiarizarse con la dinámica del doctorado; otros ya han trabajado en la maestría y tienen un perfil probado. La línea es clara: “principalmente buscamos que el docente tenga un perfil de amplia experiencia en investigación”. 

En el caso de los estudiantes, el perfil también tiene particularidades. El programa está orientado a profesionales con grado de maestro en educación, psicología, humanidades o ciencias sociales. Sin embargo, existe flexibilidad: también han admitido candidatos de ciencias de la salud o de áreas administrativas. La condición indispensable es una: que su investigación se desarrolle en el ámbito educativo.

Puede ser médico, puede ser enfermero, pero tiene que desarrollar una investigación en el ámbito educativo”, explica.

Y si ya tiene experiencia en docencia universitaria, “encajaría perfectamente en el doctorado”. 

En el fondo, el trayecto del Dr. Cangalaya tiene algo de disciplina y algo de constancia silenciosa. Publicar un libro cada año, investigar mientras enseña, coordinar un doctorado que exige cercanía con cada proyecto: todo eso habla de una manera de entender la academia como labor diaria. Su trabajo parece guiado por una misma idea: formar investigadores capaces de mirar la educación con rigor y, desde allí, transformar lo que hoy no funciona. Esa, dice sin decirlo, es la verdadera tarea del doctorado.

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