Mag. Jorge Luis Huerta-Mercado: formar médicos implica formar educadores

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Gastroenterólogo, investigador y docente, el Mag. Jorge Luis Huerta-Mercado ha dedicado parte de su carrera a cuestionar una práctica silenciosa en la formación médica: enseñar como a uno le enseñaron. Hoy coordina una maestría que propone romper esa inercia y poner el aprendizaje —y al paciente— en el centro.

Durante décadas, la enseñanza de la medicina siguió una lógica casi hereditaria. El médico aprendía observando, memorizando y repitiendo. Años después, ya como docente, reproducía ese mismo modelo frente a nuevas generaciones.

El médico salía graduado y enseñaba de acuerdo a cómo le habían enseñado a él”, recuerda el Mag. Jorge Luis Huerta-Mercado.

No había mala intención. Solo costumbre. 

El Mag. Huerta-Mercado es médico cirujano de formación y gastroenterólogo por especialidad.

Eligió la medicina, dice, por algo esencial: “me encanta la atención a las personas, el poder ayudar”.

La práctica clínica fue su primer territorio. Luego vinieron la maestría en Medicina y los estudios de doctorado, además de una trayectoria sostenida en investigación clínica, especialmente en gastroenterología para combatir males como el helicobacter pylori, la pancreatitis aguda y la hemorragia digestiva.  

Pero, en paralelo, otra línea empezó a tomar forma: la educación médica. 

Cuando la docencia se vuelve pregunta 

Con los años, el Mag. Huerta-Mercado comenzó a notar algo que muchos normalizaban. Los métodos de enseñanza no habían evolucionado al ritmo de la medicina.

Probablemente se usaban estrategias muy antiguas o desactualizadas para educar a los alumnos”, señala.

Y eso tenía consecuencias que iban más allá del aula. 

La educación médica, explica, no es una rama más de la pedagogía tradicional. Tiene particularidades propias, ligadas a la práctica clínica, al contacto con pacientes, a la toma de decisiones en contextos reales. Por eso, durante años impulsaron un Diplomado en Educación Médica y Ciencias de la Salud, inspirado inicialmente en una experiencia de la Universidad Católica de Chile y luego adaptado a la realidad local. 

Ese diplomado fue el punto de partida. Pero no bastaba. 

De diplomado a maestría 

La maestría es un sueño que teníamos desde hace bastante tiempo”, dice sin rodeos.

Así nació la Maestría en Educación Médica y Ciencias de la Salud de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, un programa que recoge la experiencia acumulada, pero amplía el horizonte. 

La maestría conserva los pilares del diplomado —educación médica moderna, métodos educativos actuales, estrategias de evaluación, enfoque por competencias y desarrollo curricular—, pero incorpora dos componentes clave: investigación en educación médica y el uso de herramientas de inteligencia artificial aplicadas a la enseñanza en salud. 

No es un elemento accesorio. Es una respuesta a una transformación en curso.

La educación médica ha cambiado mucho en los últimos años”, afirma.

Y seguirá cambiando. 

Un objetivo que impacta más allá del aula 

El propósito central del programa es claro: formar docentes con base sólida en educación médica moderna. Pero Huerta-Mercado va más allá de la mejora pedagógica.

Esto va a repercutir necesariamente en una mejor atención a nuestros pacientes”, sostiene. 

La lógica es casi sistémica. Mejores docentes forman mejores profesionales. Mejores profesionales generan mejores climas laborales, mejores equipos de salud y mejores decisiones clínicas.

Es una cadena”, resume.

Una cadena que empieza en el aula, pero termina en la camilla del paciente. 

Además, la maestría también apunta a quienes ocupan, hoy y un futuro cercano, cargos de gestión académica. Decanos, coordinadores y directivos universitarios que necesitan algo más que experiencia clínica para liderar procesos formativos complejos.

Que tengan una base sólida para ejercer esos cargos”, señala. 

No solo médicos 

Aunque el corazón del programa es la educación médica, su alcance es más amplio. La maestría está dirigida no solo a médicos, sino también a enfermeras, odontólogos, tecnólogos médicos y otros profesionales vinculados a las ciencias de la salud. 

Actualmente, la educación médica y de ciencias de la salud se ha especializado”, explica el Mag. Huerta-Mercado.

No se trata de educación general aplicada a la salud, sino de un campo con herramientas, lenguajes y desafíos propios. Por eso, el programa busca reunir perfiles diversos, unidos por una misma práctica: enseñar en salud. 

El giro más difícil 

Si tuviera que resumir el aprendizaje central de la maestría, no lo duda: “lo importante no es cómo nosotros enseñamos, sino cómo el alumno aprende”.

Parece simple, pero implica un cambio profundo. 

Significa dejar de pensar en la clase como acto de transmisión y empezar a verla como un proceso de construcción. Significa reflexionar sobre prácticas que se hacían “en automático”. Significa evaluar mejor, diseñar programas educativos con intención, investigar la propia docencia. 

El enfoque, dice, está centrado en el alumno. Pero en medicina, eso no basta. “También está centrado en el paciente”. Porque, al final, todo aprendizaje en salud tiene un destinatario último que no está en el aula. 

Aprender a enseñar para cuidar mejor 

Quien culmina la maestría no solo habrá adquirido herramientas metodológicas. Habrá desarrollado una mirada crítica sobre su rol como formador. Sabrá investigar en educación médica, diseñar programas, evaluar competencias y adaptarse a contextos cambiantes. 

Para el Mag. Jorge Luis Huerta-Mercado, ese es el verdadero impacto del programa: romper la inercia de enseñar como siempre se hizo. Porque, en la medicina contemporánea, formar bien ya no es una opción académica. Es una responsabilidad ética.

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