Mag. Carlos Villa: gestión, visión y aprendizaje para construir instituciones que perduren
Compartir:

Administrador, educador y gestor con más de 30 años de experiencia en el sector educativo, el Mag. Carlos Alberto Villa Solis dirige el MBA en Innovación Educativa de la Universidad Peruana Cayetano Heredia. Su trayectoria combina la gerencia universitaria, la expansión institucional y la docencia, con una visión profunda sobre la sostenibilidad, la calidad y el propósito de las organizaciones dedicadas a formar.
Al Mag. Carlos Alberto Villa Solis le gusta definirse como alguien que viene “del mundo de la gestión, pero también del mundo de la educación”. Ese doble interés se fue construyendo a lo largo de una trayectoria que empezó lejos del aula, en un Perú donde estudiar administración y contabilidad —su primera carrera— era elegir lo seguro, lo tradicional. Pero la vida laboral lo llevaría por otros rumbos.
“Por circunstancias profesionales me contacto con la docencia universitaria y descubrí que me gustaba enseñar”, recuerda.
Venía del sector comercial e industrial cuando lo invitaron a dictar cursos de gestión. Ese fue el punto de inflexión: el momento en el que entendió que la formación no solo era una actividad técnica, sino un espacio de encuentro humano, de diálogo, de construcción. Por eso estudió Educación, centrada en adultos y en enseñanza universitaria.
“Para poder dictar mejor”, dice con la sencillez de quien sabe que formarse también es un acto de responsabilidad.
Un gestor que aprendió la educación desde adentro
Su carrera como gestor empezó con proyectos grandes, de esos que cambian estructuras. Fue parte de la expansión de la Universidad San Ignacio de Loyola: Lima Norte, Arequipa, Miami, Paraguay, e incluso el proyecto inicial de Santa Cruz, en Bolivia.
“Nos expandimos internacionalmente y ya estaba gestionando carreras universitarias”, recuerda.
Eran años en que abrir una sede significaba planificar infraestructura, equipos, servicios, normativas, y, sobre todo, entender qué necesita una comunidad educativa para crecer. Allí se dio cuenta de que la gestión en educación es una tarea compleja: no se trata solo de administrar recursos, sino de sostener un proyecto que debe perdurar en el tiempo.
Entonces decidió estudiar un MBA. No lo hizo por ambición, sino por coherencia.
“Consideré que podía estudiar el MBA para darle un marco más teórico y conceptual a toda mi experiencia”, explica.
Alinear lo vivido con lo aprendido: ese fue el propósito.
La educación cuando la tecnología comenzaba a cambiarlo todo
Su tesis de maestría tiene algo de premonición. Estudió el impacto de las nuevas tecnologías en la educación superior en un tiempo en que internet recién se asentaba. Relata cómo implementaron, en colaboración con el Tecnológico de Monterrey, la primera maestría a distancia de su institución.
“Era casi como televisión dedicada, un canal donde veías al profesor”, recuerda, entre la nostalgia y la admiración por lo que hoy llamamos virtualidad, pero que entonces era apenas un experimento.
Habla de sesiones sincrónicas y asincrónicas cuando casi nadie usaba esas palabras. De conexiones analógicas que anticipaban el futuro híbrido.
“Fue uno de los primeros programas de maestría a distancia que se dictaron”, afirma.
Ese proyecto marcó su relación con la innovación educativa: entendió que la tecnología iba a transformar la enseñanza mucho más de lo que imaginábamos.Para él, una institución educativa tiene dos obligaciones irrenunciables.
Pensar la formación desde la sostenibilidad y el propósito
Hoy, desde la dirección del MBA en Innovación Educativa, en Posgrado Cayetano, su discurso se parece a lo que ha vivido: sigue pensando en proyectos que trascienden.
“Dirigir una universidad nos obliga a estar preparados para gestionar recursos”, señala. Y el énfasis no está solo en la administración financiera, sino en la misión.
Para él, una institución educativa tiene dos obligaciones irrenunciables.
- Crear conocimiento y nuevas soluciones a los problemas del mundo.
- Formar personas capaces de insertarse en el trabajo y en la vida con competencias reales.
La sostenibilidad, explica, es lo que permite que esa doble misión se mantenga.
“Si no puedo asegurar que mis beneficios permitan brindar el servicio en el tiempo, nada funciona”.
La calidad, por su parte, no es un discurso: es asegurar que el estudiante salga con las competencias que la institución promete. Y, además, lograr algo que él considera fundamental: que la relación con la universidad dure toda la vida.
“Hoy día las universidades conciben que ese estudiante esté vinculado toda la vida, porque necesitamos formarnos constantemente”, dice.
El MBA: una caja de herramientas para liderar instituciones educativas
El MBA en Innovación Educativa surge exactamente de esa visión. No basta ser experto en una disciplina para dirigir una escuela, una facultad o una universidad.
“Cuando ocupo una posición de liderazgo requiero tener capacidad para entender la gestión”, explica.
La gestión incluye recursos humanos, finanzas, logística, planeamiento, cumplimiento normativo y estrategia. Un director académico —dice— no puede interactuar eficazmente con un gerente de finanzas o un contador si no entiende su lenguaje. Por eso, los MBA existen: “me permiten adquirir competencias para liderar equipos multidisciplinarios”.
El programa que dirige combina teoría con práctica: casos reales, docentes que trabajan en las áreas que enseñan, especialización en temas educativos, y un enfoque orientado a la innovación. Para él, el perfil del egresado es claro: alguien capaz de entender la complejidad de las instituciones educativas y tomar decisiones con solidez técnica y sentido social.




