Dra. Fiorella Krapp: formar especialistas para el control de enfermedades infecciosas
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Médica infectóloga e investigadora, la Dra. Fiorella Krapp ha construido su carrera en el punto donde la clínica, la investigación y la salud pública se entrecruzan. Desde la tuberculosis hasta la resistencia antimicrobiana, hoy coordina una maestría que forma profesionales capaces de anticipar y controlar amenazas que no siempre se ven, pero que definen la salud de un país.
Desde muy joven la Dra. Fiorella Krapp supo que la medicina no se agotaba en el acto clínico.
“Desde chica quise ser médico, me interesaba atender pacientes y entender cómo funciona el cuerpo humano”, recuerda.
Al inicio, su idea era simple: el médico como quien diagnostica y trata. Pero esa percepción fue cambiando a lo largo de la carrera, a medida que descubría que la medicina también era investigación, salud pública y toma de decisiones más allá del consultorio.
Pero ese descubrimiento no fue inmediato ni teórico. Ocurrió en el terreno. Al terminar el pregrado en la Universidad Peruana Cayetano Heredia ingresó a trabajar al Instituto de Medicina Tropical Alexander von Humboldt, en la unidad de tuberculosis. Allí, durante dos años, combinó la atención de pacientes con la investigación. Y algo se transformó.
“Fue ahí donde se abrió mi curiosidad por las enfermedades infecciosas”, cuenta.
No solo veía pacientes afectados por enfermedades infecciosas, también participaba en estudios, analizaba datos, entendía que detrás de cada caso había patrones, brechas y fallas estructurales. Esa experiencia terminó de inclinarla hacia la especialidad que marcaría su trayectoria.
Del hospital al impacto global
La Dra. Krapp se formó en medicina interna y luego realizó la subespecialidad en enfermedades infecciosas en Estados Unidos. Desde entonces, la investigación ha sido una constante. Lleva más de siete años participando en proyectos de alto impacto, muchos de ellos con implicancias directas en políticas de salud.
Uno de los más determinantes fue su participación en los estudios de validación del GeneXpert para tuberculosis.
“Ver que el aporte que se daba desde Perú tenía valor a nivel mundial fue muy marcante”, señala.
Ese estudio permitió validar una prueba diagnóstica que hoy se utiliza globalmente y es recomendada por organismos internacionales. Un ejemplo claro de cómo la investigación local puede transformar la práctica global.
Luego vendrían otros proyectos, especialmente en resistencia antimicrobiana. A través de la red VIRAPERÚ, trabajó con más de quince hospitales del país para realizar vigilancia de resistencia en distintas regiones. El objetivo no era solo identificar bacterias resistentes, sino medir su impacto real: mortalidad, retrasos en tratamientos efectivos, consecuencias clínicas concretas. “Pudimos cuantificar un problema que muchas veces se percibe de forma abstracta”, explica.
Formar para controlar
Esa experiencia acumulada es la base desde la que hoy coordina la Maestría en Control de Enfermedades Infecciosas y Tropicales de la Universidad Peruana Cayetano Heredia. Un programa que, como ella misma señala, tiene varios años de trayectoria y se ha ido actualizando para responder al contexto nacional y regional.
“La motivación principal es que se necesitan profesionales altamente capacitados en el control de estas enfermedades”, afirma.
En países como el Perú, enfermedades como la tuberculosis, el VIH, la malaria, la resistencia antimicrobiana o las infecciones asociadas a la atención en salud siguen teniendo una carga muy alta. Controlarlas no es solo un desafío clínico, sino estratégico.
La maestría, explica, busca formar profesionales capaces de diseñar, evaluar e implementar programas de control que reduzcan esa carga.
“En algunos casos incluso hablamos de erradicación, como ocurre con la malaria”, añade.
Pero eso requiere algo más que buena voluntad: requiere evidencia, análisis y decisiones informadas.
Una mirada multidisciplinaria
Uno de los rasgos centrales del programa es su enfoque multisectorial. No está dirigido únicamente a médicos.
“Hemos tenido enfermeros, biólogos, veterinarios, psicólogos”, enumera.
Y mientras más diverso el grupo, mejor. Porque el control de enfermedades infecciosas no se resuelve desde una sola disciplina.
“Se necesita un enfoque multidisciplinario para tener estrategias efectivas”, insiste.
Profesionales de la salud con distintos perfiles, pero con un interés común: entender y enfrentar las enfermedades infecciosas y tropicales desde una mirada integral.
Pensar, investigar, comunicar
Las habilidades que desarrolla el estudiante van más allá del conocimiento técnico. En primer lugar, aprender a analizar críticamente la evidencia científica.
“No basta con conocer estudios, hay que saber evaluarlos y decidir cómo implementar esa evidencia en programas reales”, explica.
A eso se suma la capacidad de evaluar programas existentes, identificar brechas de calidad y acceso, y proponer mejoras. Y, por supuesto, generar nueva evidencia. La maestría tiene un fuerte componente de investigación, con énfasis en metodología rigurosa, análisis de datos y producción científica.
Por otro lado, existe otro aspecto clave: la comunicación.
“Es fundamental saber comunicar resultados, tanto en lenguaje científico como en un lenguaje adaptado para tomadores de decisiones y la comunidad”, señala.
Comunicar riesgo, explicar hallazgos, traducir datos en acciones.
Lo que no se ve, pero importa
Para la Dra. Fiorella Krapp, el valor del programa también está en su plana docente.
“Contamos con expertos nacionales e internacionales reconocidos”, subraya.
Un capital académico que se traduce en formación sólida y actualizada.
Las enfermedades infecciosas muchas veces operan en silencio, hasta que se vuelven crisis. Controlarlas exige anticipación, evidencia y profesionales preparados. Desde la investigación hasta la formación, la Dra. Krapp ha hecho de ese desafío el eje de su trabajo: contener lo invisible antes de que se vuelva incontrolable.



